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Lula Presidente: primer día en Planalto

Por Oscar Cesaro

Luego de dos jornadas intensas de gestión fuera del palacio, el presidente Lula da Silva comenzó a trabajar en la sede oficial del gobierno federal en Brasilia, cumpliendo con una agenda que incluyó tomarle juramento a su compañero de fórmula, Geraldo Alkmin, como nuevo ministro de Desarrollo, Industria, Comercio Exterior y Servicios.

Más allá de la vorágine de trabajo desarrollada desde el lunes, el nuevo mandatario ya señaló, en su discurso de asunción, cuáles son los objetivos estratégicos que marcarán el rumbo de acción de su gobierno, que en los próximos cuatro años pretende reconstruir todo lo destruido desde el golpe de Estado parlamentario que destituyó a Dilma Rousseff.

Aquí resaltamos algunos de esos objetivos que no superan en importancia a los otros mencionados por el presidente brasileño y dan una idea del contexto en el que comienza este nuevo mandato.

Ya desde el comienzo de su discurso, Lula advirtió que en los últimos años se produjo una regresión social monumental y que lamentablemente tuvo que repetir las mismas palabras que expresó al inicio de su primer gestión en 2003, cuando dijo que iría a combatir la desigualdad comenzando por garantizarle al pueblo brasileño la dignidad de acceder a tres comidas diarias.

Según alertó, el diagnóstico es aterrador porque “desmontaron (las estructuras) de Educación, de Cultura, de Ciencia y Tecnología; no dejaron recursos para la merienda escolar, la vacunación, la seguridad pública, la protección de la selva y la asistencia social”.

En otro tramo, comprometió su gestión en el inicio de un proceso de reindustrialización, cambiando diametralmente la política de sus antecesores que condenaron al país a un proyecto productivo reprimarizado y con desprecio hacia el potencial industrial y tecnológico consolidado hasta 2014.

Más adelante, se refirió al papel que le cabe al país en el ámbito internacional, condenó el aislamiento al que lo sometió el bolsonarismo y garantizó que Brasil participará nuevamente en las tomas de decisiones globales.

En esa línea, Lula dijo que el protagonismo se concretará reanudando “el proceso de integración sudamericana a partir del Mercosur, con la revitalización de la Unasur y de todos los procesos de articulación soberana de la región”. Sobre esta base, agregó, se podrá reconstruir el diálogo digno y activo con Estados Unidos, con la Comunidad Europea, con China, y demás actores globales, sin olvidar el fortalecimiento del grupo de los BRICS, y la cooperación con los países africanos.

Finalmente, el presidente brasileño destacó que la relevancia mundial de la elección que lo llevó a un nuevo mandato tiene como escenario las amenazas que el modelo democrático viene sufriendo por la articulación de una ola de extremismo autoritario que “disemina odio y mentira por los medios tecnológicos que no se someten a controles transparentes”.

En ese contexto, advirtió que se trata de un desafío civilizatorio que tiene la misma importancia que la superación de las guerras, la crisis climática, el hambre y la desigualdad, por lo que, consideró, es necesario crear instancias democráticas de acceso a la información confiable y de rendición de cuentas de los medios por los cuales “el veneno del odio y de la mentira son inoculados”.

La dirección hacia donde ir fue marcada y la labor es urgente, como adelantó el propio mandatario. Ahora queda andar el camino que no estará libre de acechanzas y ataques, de posibles desencuentros dentro del mismo gabinete diverso que comenzó la tarea de gobierno. Sólo la decisión política, el apoyo popular y el liderazgo del exmetalúrgico podrán encauzar al país al destino determinado, para bien de Brasil y de la región.